INTRODUCCIÓN A LA MINERALOGÍA

 

1 Concepto de Mineral y Primeras Nociones

1.2 Nomenclatura Mineral


Hasta 1990 se conocían 3304 especies minerales y su número sigue aumentando cada año. Hasta no hace mucho tiempo no existían acuerdos internacionales, sobre la denominación, formulación y clasificación de los minerales. Actualmente, la I.M.A. (International Mineralogical Association), intenta poner orden en este tema y por ello existe la C.N.M.M.N. (Comisión de Nombres de Minerales y Minerales Nuevos) que se encarga de unificar la nomenclatura, formulación y clasificación de los minerales. Es de destacar la labor realizada por esta comisión, para clarificar la Mineralogía de los Filosilicatos y los Inosilicatos.

A lo largo de la Historia se han empleado muchas denominaciones para rocas, minerales y variedades, algunas de las cuales han dado lugar a numerosas confusiones que todavía pueden darse. Por un lado existen especies con más de un nombre (blenda y esfalerita, hematite y oligisto, idocrasa y vesubiana, titanita y esfena, etc.). Por otro lado, en muchos casos, no está muy claro cuando se habla de variedades y de especies. Por ejemplo, la esmeralda no es más que una variedad del berilo, pero es más conocido el nombre de la esmeralda que el del berilo y muchas personas desconocen la verdadera naturaleza de esta gema.

Hoy en día se usan nombres de minerales con etimologías muy diversas. Se conservan una buena parte de los nombres conocidos en la época griega y romana, como cinabrio, cobre, plata, amatista, etc., pero el número de especies conocidas por entonces era muy reducido. Hasta el siglo XVIII no se conocían muchas especies, pero coincidiendo con el desarrollo de la Química, se empezaron a conocer nuevas especies cuyos nombres tienen una etimología muy variada en la que siguen predominando las raíces griegas y latinas, pero también aparecen nombres relacionados con personajes, con los lugares donde se han encontrado (toponímicos), etc. Más recientemente son frecuentes los nombres con raíces anglosajonas, germánicas, eslavas y francesas. La influencia de las abreviaturas ha llegado también al mundo mineral y se emplean las iniciales de los elementos constituyentes. Un ejemplo de este caso lo constituye la Banalsita (BaNa2Al4Si4O16). Por convenio, se usa la terminación "ita" referida al término griego "lithos" que significa piedra.

De modo anecdótico, hay que mencionar que durante el siglo XVIII Linneo intentó dar una nomenclatura similar a la que había dado a los vegetales y a los animales basándose en los conceptos de género y especie. Esta nomenclatura no tuvo mucho éxito y dejó de usarse durante el siglo XIX.

En algunos libros españoles se ha intentado castellanizar los nombres con una transcripción fonética que ha conducido a cierta confusión. Modernamente se aceptan, incluso por la Real Academia Española de la Lengua, los nombres que provienen de lenguas extranjeras e incluso del griego y latín, con pequeñas adaptaciones al castellano que se encuentran debidamente reglamentadas. Por ejemplo, se admiten Goethita, Wurtzita, Scheelita, Boehmita, Gibbsita, Smithsonita, Wulfenita, etc.

Tampoco hay que olvidar los minerales y variedades que presentan etimologías de origen español, como aragonito, jarosita o andalucita. Aunque también hay que reconocer que ciertos nombres ya no se emplean o corresponden a especies y variedades que poseen otro nombre internacionalmente admitido, como la almeriita que se conoce normalmente como natroalunita.

 


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