INTRODUCCIÓN A LA MINERALOGÍA

 

2 Caracterización de las Sustancias Minerales

2.4.1.1.1 Ensayos Vía Seca


Se incluyen en este apartado una serie de ensayos que se realizan por la acción más o menos directa del fuego (ensayos piragnósticos). Es importante señalar que estos ensayos son orientativos, ya que no todos los minerales responden necesariamente a todos ellos. Los ensayos más usados son los siguientes:

Las sales de ciertos cationes (alcalinos, alcalino-térreos, metales de transición) y de ciertos aniones (halogenuros, etc.) dan coloraciones características cuando se colocan a la llama de un mechero de gas. Otras sales dan luminiscencia a la llama. Los nitratos y los cloratos deflagran (avivan la llama al desprenderse oxígeno). Los sulfuros y los halogenuros decrepitan (estallan en pequeños trozos emitiendo sonidos). Otros minerales llegan a fundirse.

El uso de la llama para observar el color emitido por algunos elementos es, en ciertos casos, muy orientativo. El método consiste en mezclar el mineral pulverizado con unas gotas de ácido clorhídrico y formar una pasta que se toma con un alambre de platino (o de nicrom, aleación de niquel y cromo) y se coloca a la llama oxidante de un mechero de gas. Si se observa algún color característico, puede indicar la presencia de determinados elementos. Hay que decir que este ensayo, al igual que otros de la vía seca es sólo orientativo y muchos elementos no dan nunca colores característicos y otros necesitan mucha concentración para ser observados.

Se realizan colocando el mineral en el fondo de un tubo de vidrio que se somete a un intenso calentamiento. Como consecuencia pueden observarse cambios de color, fusiones, decrepitaciones, desprendimiento de agua (que condensa luego en las paredes más frías del tubo) o desprendimiento de otros gases con olores y colores característicos. Son muy interesantes los sublimados que pueden aparecer en las paredes del tubo y que se relacionan con elementos tales como azufre, arsénico, antimonio o mercurio.

Una vez terminado el calentamiento, es conveniente comprobar si el residuo que permanece en el fondo del tubo es magnético, sobre todo si sospechamos la presencia de elementos tales como hierro, cobalto, níquel o titanio.

También puede realizarse el mismo ensayo mezclando previamente el mineral con algún fundente, como el bisulfato potásico (previamente seco) que ayuda a descomponerse a ciertos sulfuros.

Se emplea un tubo acodado y abierto por ambos lados, figura. Se coloca el mineral pulverizado en el mismo codo y se calienta dejando una rama casi horizontal, mientras que la otra permanece inclinada, a modo de chimenea. Con ello se favorece el paso de aire por el mineral caliente (al contrario de lo que ocurre en el tubo cerrado). Las reacciones que tienen lugar son, en muchos casos, similares a las que se dan en tubo cerrado, pero en otros casos, el aporte de oxígeno da lugar a procesos de oxidación que conducen a diferentes resultados. Por ejemplo, un mineral ferroso pasa a magnetita en tubo cerrado, mientras que en tubo abierto pasa a hematite. Es conveniente observar también el proceso de enfriamiento, ya que puede haber reacciones reversibles.

Los ensayos a la perla se suelen realizar mezclando el mineral pulverizado, bien con bórax o bien con otras sales. El fundamento de estos ensayos se encuentra en la formación, por medio del calor, de sales más o menos complejas, en las que se integran los cationes de los minerales, dando lugar a coloraciones características. Al igual que los demás ensayos de vía seca no todos los elementos dan coloraciones.

El ensayo a la perla se puede realizar con hilos (idealmente de platino) o sobre soportes de escayola. El tipo de llama empleado influye, ya que se verifican procesos de oxidación-reducción. La llama del mechero ha de ser siempre reductora, pero según se use el soplete se obtendrá un dardo oxidante o reductor y los colores de las perlas pueden ser diferentes en cada caso. También puede ocurrir que los colores de las perlas, una vez formadas, evolucionen a medida que se van enfriando y por ello conviene observarlas en caliente y en frío.

Se trata de uno de los ensayos más clásicos de la Mineralogía y requiere una especial destreza por parte del operador. Se considera que este ensayo es orientativo sobre la presencia de determinados elementos, en su mayoría metales de transición y semimetales tales como arsénico, antimonio, bismuto, selenio y teluro. Sin embargo, otros elementos no presentan comportamiento característico.

El ensayo puede realizarse calentando el mineral sólo sobre el carbón o mezclado con ciertos reactivos, como yoduro potásico, cromato potásico, carbonato sódico, azufre, etc. Es importante observar el residuo obtenido como consecuencia de la reducción efectuada por el carbón y también el aspecto de la aureola que rodea al residuo.

Modernamente se realiza este ensayo usando un soporte de escayola y mezclando el mineral con carbón.

 


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